El Gobierno comenzó a desplegar una estrategia para contener a sus aliados en el Congreso y evitar que una incipiente coordinación del peronismo complique las mayorías necesarias para avanzar con su agenda legislativa. La prioridad inmediata está en Diputados, donde el oficialismo prepara una mega sesión para el 26 de agosto, aunque las mayores dificultades aparecen en el Senado, donde La Libertad Avanza perdió previsibilidad sobre votos que hasta hace poco consideraba propios o cercanos.
La Casa Rosada busca blindar votos con los gobernadores mientras intenta reconstruir un mapa parlamentario que dejó de ser automático. Una de las primeras acciones será este martes en el Ministerio de Economía, donde el jefe de Gabinete Diego Santilli encabezará una reunión con técnicos de las diez provincias del Norte Grande que reclaman el cumplimiento de un compromiso asumido durante la negociación para modificar el régimen de Zonas Frías.
Cuando la iniciativa se votó en Diputados, el Gobierno se comprometió a compensar a las provincias norteñas mediante un tratamiento diferencial sobre los subsidios a la electricidad durante los meses de altas temperaturas. El acuerdo contempló ampliar los bloques de consumo subsidiado en 300 kWh mensuales adicionales para las zonas muy cálidas y en 200 kWh para las zonas cálidas. Sin embargo, la compensación no quedó incorporada en la ley y la resolución de la Secretaría de Energía que debe instrumentarla todavía no fue publicada.
En Diputados, los negociadores libertarios trabajan para construir una mega sesión el miércoles 26 de agosto con un paquete de iniciativas que la Casa Rosada considera relevantes. Una fuente del oficialismo involucrada en las negociaciones aseguró que los números están para tener una buena sesión la semana próxima.
El escenario es más complejo en el Senado. La Libertad Avanza intenta reconstruir aquel conglomerado de 44 votos que le permitió atravesar votaciones difíciles, pero esa mayoría quedó astillada por el alejamiento de los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano, y por la crisis de identidad política que atraviesan los misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Arce, sacudidos por la reconfiguración del poder provincial y el avance del gobernador Hugo Passalacqua sobre la estructura que durante años controló Carlos Rovira.
En ese contexto apareció lo que en el oficialismo describen como una nueva coordinación del peronismo. Aunque Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa mantienen diferencias profundas, dirigentes y gobernadores que hasta hace poco se movían por separado comenzaron a conversar y coordinar acciones cuando identifican un objetivo común. La primera demostración ocurrió durante el debate de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada el 6 de agosto, cuando el Senado obligó al Gobierno a resignar dos capítulos del proyecto original.
El movimiento que más alertó al oficialismo ocurrió el martes de la semana pasada, cuando durante cinco horas diez dirigentes de peso del peronismo estuvieron reunidos en el Hotel Emperador. Participaron Kicillof, Máximo Kirchner y Massa, junto a cinco gobernadores provinciales: Gerardo Zamora de Santiago del Estero, Gildo Insfrán de Formosa, Ricardo Quintela de La Rioja, Sergio Ziliotto de La Pampa y Gustavo Melella de Tierra del Fuego. También estuvieron José Mayans, presidente del bloque peronista en el Senado, y Germán Martínez, jefe de la bancada en Diputados. Uno de los pocos compromisos asumidos fue bloquear a toda costa la eliminación de las PASO, uno de los principales objetivos de la reforma electoral que prepara el Gobierno.





