Los anuncios de Javier Milei sobre Malvinas, sumados a las declaraciones de Donald Trump, volvieron a llevar al Atlántico Sur al centro de la discusión pública. La cuestión dejó de estar concentrada solamente en el reclamo de soberanía y empezó a involucrar también la explotación de recursos, la infraestructura en Tierra del Fuego, la proyección antártica y el vínculo de la Argentina con otras potencias.
Nicolás Promanzio, licenciado en Relaciones Internacionales y exasesor del Ministerio de Defensa, analizó ese escenario. Su mirada estuvo puesta en qué significan las últimas decisiones del Gobierno, pero también en un problema de fondo: qué capacidad tiene la Argentina para volver a incidir en una disputa en la que, según sostuvo, durante décadas fue perdiendo herramientas.
Promanzio destacó, en primer lugar, que Malvinas haya vuelto a ocupar espacio en la agenda fuera de las fechas conmemorativas. Además, cuestionó que el tema haya sido utilizado durante años de manera estacional: "La política prostituyó la causa Malvinas, porque constantemente se ha intentado elevar el tema durante esa época y el resto del año se olvida".
En su análisis, el punto de partida para entender la situación actual está en lo que ocurrió después de la guerra de 1982. Antes del conflicto, recordó, existía un nivel de negociación y comunicación con el Reino Unido que incluía vuelos de Aerolíneas Argentinas y otros acuerdos con las islas. Después, el escenario se transformó por completo. "Desde el año 82 en adelante, el statu quo en Malvinas y en el Atlántico Sur fue terrible para nosotros", afirmó.
A partir de allí, señaló que la Argentina no consiguió construir una estrategia sostenida para afectar lo que sucede en el archipiélago. Mientras tanto, sostuvo, Londres consolidó su posición y amplió sus posibilidades de operar en la región. "El Reino Unido hace lo que quiere, hace la licencia que quiere, usa los aeropuertos de Montevideo, los de Chile, los de Brasil", dijo.
El avance de la exploración offshore también forma parte de ese escenario. Promanzio consideró que el proyecto Sea Lion no puede interpretarse como un punto de quiebre definitivo en la disputa, pero sí como un nuevo paso dentro de una dinámica que favorece al Reino Unido. "No sé si es match point, pero sí es un escalón más hacia que estemos más lejos de recuperarlas", afirmó.
En ese contexto, el especialista valoró que el Gobierno incorpore herramientas económicas a la política sobre las islas. Sobre las sanciones anunciadas a empresas vinculadas con esas actividades, explicó que el objetivo es ampliar los mecanismos que ya existen y extenderlos a compañías relacionadas y a sus directivos. "Un presidente, sea Milei, sea el que sea, tiene que tener todas las herramientas disponibles para tomar las decisiones que tenga que tomar en materia de política exterior", sostuvo.
Base Naval Integrada: un proyecto de décadas
La Base Naval Integrada de Tierra del Fuego no es un proyecto reciente. Según explicó Promanzio, sus antecedentes se remontan a la década de 1960 y a lo largo de los años fue cambiando de nombre hasta convertirse en el actual proyecto de infraestructura naval y logística antártica.
El especialista contó que en mayo visitó el lugar y se encontró con "una plaquita de bronce que dice Base Naval Integrada 2021-2022 y nada más". Aseguró que, pese a los anuncios realizados durante el gobierno anterior, la obra no había comenzado y que los recursos destinados entonces no se habían traducido en avances concretos.
Ahora, sostuvo, el escenario es diferente: el Gobierno asignó partidas para poner en marcha la construcción y avanzar también con la modernización de la Base Antártica Conjunta Petrel. La dimensión del proyecto, además, excede el tiempo de una gestión. "La Base Naval Integrada es algo estratégico para el país porque probablemente el gobierno de Milei no vea la Base Naval Integrada terminada", afirmó.
Ushuaia como hub logístico antártico
La relevancia del proyecto va más allá de su función militar. Promanzio planteó que Ushuaia podría aprovechar su ubicación para convertirse en un punto de apoyo de las campañas antárticas de otros países, una actividad que actualmente tiene a Punta Arenas como uno de sus principales centros logísticos.
La diferencia de infraestructura es importante. La actual Base Naval de Ushuaia tiene capacidad para recibir un solo buque y el puerto comercial está muy condicionado durante el verano por la actividad turística. "Argentina no tiene la capacidad logística", resumió. Un muelle de unos 800 metros permitiría ampliar esa capacidad y recibir embarcaciones extranjeras para abastecerlas de combustible, alimentos y otros insumos antes de continuar hacia la Antártida.
La posibilidad de cobrar por esos servicios abre una alternativa para financiar parte de la propia obra, pero también puede generar un vínculo sostenido con los países que utilizan Ushuaia como escala. Promanzio lo resumió de manera directa: "Con esa plata amortizás tu gasto de la Base Naval Integrada y además tenés un activo de política exterior".
El ejemplo que dio fue el de Canadá. Un buque con unas 200 personas necesita combustible, alimentos y provisiones para permanecer varios meses en la región. Si esa escala se repite durante años, la Argentina no sólo obtiene un beneficio económico: también construye una relación que puede servir para acompañar otros intereses del país. "Cuando ese buque está yendo durante dos, tres, cuatro o cinco años a Tierra del Fuego en vez de ir a Puerto Argentino, vos después le decís: 'Estaría bueno que nos den una mano sobre este tema, sobre el tema de Malvinas'", explicó.
Esa idea también aparece en su visión sobre la energía. Promanzio sostuvo que el desarrollo de las exportaciones de hidrocarburos puede darle mayor peso internacional a la Argentina porque genera intereses concretos en otros países. "La capacidad de Argentina de ser un país influyente en el mundo, por ejemplo exportando hidrocarburos, energía, hace que al resto le interese más que a Argentina le vaya bien", afirmó.
Defensa y presupuesto
La discusión sobre la Base Naval Integrada forma parte, para Promanzio, de una cuestión más amplia vinculada con la defensa y la seguridad nacional. Estimó que Argentina destina actualmente alrededor de 0,5% del PBI a Defensa y consideró que podría avanzar de manera gradual hacia un nivel de entre 1,5% y 2%, acompañado por el crecimiento de la economía.
El problema, señaló, está también en cómo se distribuyen esos recursos. "El 90% del presupuesto de Defensa en Argentina de los últimos 20 años fue a sueldos, retiros y pensiones", afirmó. El 10% restante, explicó, quedó para equipamiento, municiones, combustible y funcionamiento operativo.
Promanzio respaldó las inversiones recientes en material militar, entre ellas la incorporación de los F-16, pero planteó que el proceso debería incluir también una reforma de las estructuras de las Fuerzas Armadas.
El vínculo con Estados Unidos
Su análisis también incorpora el acercamiento con Estados Unidos. Promanzio considera que el mundo atraviesa una transición hacia una estructura bipolar entre Washington y China y que la Argentina está tomando decisiones a partir de ese escenario. En ese marco mencionó los ejercicios militares conjuntos y una cooperación que, según afirmó, involucra a las Fuerzas Armadas, organismos de seguridad y distintas agencias estadounidenses.
"No es una estrategia, un diagnóstico del mundo, que se les ocurrió esta semana", señaló. Según explicó, el vínculo viene siendo trabajado desde hace más de dos años y no depende exclusivamente de la relación entre los presidentes de ambos países.
Esa mirada también explica su insistencia en recuperar capacidades propias. La Argentina puede aprovechar el nuevo contexto internacional, pero necesita contar con instrumentos para defender sus intereses y construir vínculos de largo plazo.
En ese esquema, la Base Naval Integrada ocupa un lugar particular. Su desarrollo puede reforzar la presencia argentina en el extremo sur, ampliar la capacidad logística hacia la Antártida y generar una actividad económica que, al mismo tiempo, permita construir relaciones con otros países. La apuesta de Promanzio es que esa combinación termine convirtiendo a Ushuaia en algo más que una infraestructura militar: un punto estratégico desde el cual la Argentina pueda generar recursos, proyectar presencia y ganar margen de negociación en el Atlántico Sur.





