Apenas el 36% de los argentinos pudo pagar el total del último resumen de su tarjeta de crédito. El dato surge de un relevamiento realizado por la consultora Inteligencia Analítica sobre un universo focalizado de 2.252 casos efectivos en el país.

El 27,6% abonó más que el mínimo, pero menos que el total, mientras que el 18,4% pagó solamente el mínimo. Otro 11,8% realizó un pago inferior a ese monto. De esta manera, tres de cada diez encuestados no cancelaron siquiera el total exigido para evitar la financiación del saldo.

La situación adquiere mayor relevancia porque los pagos parciales dejan un saldo pendiente que continúa generando intereses y puede incrementar el costo de los consumos realizados con la tarjeta. Según el informe, el 48,2% de los consultados señaló a la tarjeta como su principal deuda, mientras que el 52,1% aseguró que es la obligación a la que destina el mayor pago mensual.

El relevamiento también expuso el deterioro de la capacidad de pago de este segmento de la población. El 62,1% de los encuestados mantiene actualmente algún pago atrasado, mientras que el 77,2% reconoció que durante los últimos seis meses tuvo que recurrir a una deuda nueva para cancelar otra anterior.

Un ejemplo permite dimensionar el efecto de pagar únicamente el mínimo. Una persona que tiene una tarjeta con un límite de 2 millones de pesos realiza todos los meses $500.000 en consumos en un pago y otros $600.000 en compras financiadas en seis cuotas. Si en lugar de cancelar el resumen completo opta sistemáticamente por el pago mínimo, el saldo pendiente comienza a acumular intereses y reduce progresivamente el crédito disponible.

En esa simulación, el pago mínimo comienza representando una porción relativamente baja de la deuda, pero aumenta rápidamente a medida que se acumulan los saldos financiados. En el segundo mes alcanza $337.653 y en el tercero trepa a $771.540. Para el cuarto mes llega a $1.102.369 y representa el 56% de la deuda. Hacia el sexto y séptimo mes, la relación entre el pago mínimo y el saldo adeudado alcanza aproximadamente el 65%.

El estudio también mostró hasta qué punto el endeudamiento comienza a retroalimentarse. El 77,2% de los consultados utilizó una deuda nueva para cancelar una obligación anterior durante los últimos seis meses. Dentro de ese grupo, el 63,2% recurrió a esa estrategia en más de una oportunidad y el 14% lo hizo una sola vez. Sólo el 21% del total afirmó no haber utilizado una nueva deuda para pagar otra durante ese período.

La relación con los atrasos aparece con claridad en los resultados. Entre quienes no utilizaron deuda para cancelar otra obligación, el 62,3% no registra pagos atrasados. En cambio, entre quienes recurrieron varias veces a esa estrategia, la proporción de personas sin atrasos cae al 25,7%.

Los datos reflejan una dinámica en la que el crédito deja de utilizarse únicamente para financiar consumos y comienza a funcionar como una herramienta para cubrir gastos corrientes y obligaciones previamente contraídas. El circuito que surge de los datos comienza con la insuficiencia del presupuesto para afrontar los gastos habituales. Ante esa situación, los hogares recurren al crédito, acumulan cuotas y luego necesitan nuevas herramientas de financiamiento para cumplir con las obligaciones anteriores. El resultado es un incremento del nivel de endeudamiento y una mayor exposición a la mora.