Contingentes de entre 20 y 30 efectivos realizan maniobras junto al BIM 4 en valles y glaciares, mientras ingresan equipos de comunicaciones, sensores y tecnología militar que quedan almacenados en Ushuaia. El esquema abre cuestionamientos sobre el control parlamentario previsto para tropas extranjeras.

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a presencia de militares estadounidenses en Tierra del Fuego acumula en los últimos dos años una sucesión de entrenamientos, visitas e intercambios con fuerzas argentinas en Ushuaia y Río Grande, tal como publicó el sitio especializado ¨Agenda Malvinas¨. A esos antecedentes se sumó esta semana el registro de equipamiento atribuido a personal norteamericano en el aeropuerto de la capital fueguina.

El ingreso y la salida de equipamiento táctico por el Aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas permitió reconstruir un circuito sostenido de movimientos militares estadounidenses en Ushuaia. El miércoles 9 fueron fotografiadas mochilas con sistema MOLLE y otros elementos pertenecientes al Ejército de Estados Unidos y, horas después, una carga similar fue despachada hacia Buenos Aires.

Fuentes calificadas cercanas a la Base Naval Ushuaia confirmaron que no se trató de una visita técnica aislada. Durante los últimos meses se consolidó un esquema regular de pequeños contingentes del Cuerpo de Marines y fuerzas especiales bajo el Comando Sur de Estados Unidos, con una frecuencia mayor a la registrada durante 2024 y 2025.

Cada grupo está integrado por entre 20 y 30 efectivos que se despliegan junto al Batallón de Infantería de Marina N° 4. Las maniobras comprenden tareas de reconocimiento en valles y glaciares fueguinos y se desarrollan mediante sucesivos recambios de personal, lo que permite sostener las actividades aunque las dotaciones que ingresan a la provincia vayan cambiando. Incluso, durante los últimos días este medio pudo constatar la presencia de los efectivos de las fuerzas armadas norteamericanas en el centro invernal Cerro Castor, realizando diversos ejercicios técnicos con equipos de nieve de travesía.

El esquema involucra también un movimiento paralelo de equipamiento. Los contingentes trasladan sistemas de comunicaciones, sensores y otros dispositivos de uso militar que no regresan en su totalidad una vez finalizadas las prácticas. Parte de esa tecnología queda almacenada en depósitos del BIM 4, donde se acumula material sin que exista un inventario público conocido.

La presencia de los efectivos también resulta visible fuera de las instalaciones militares. En el aeropuerto circulan con bolsos reglamentarios Coyote Brown y Olive Drab, cierres e identificaciones militares a la vista, entre el tránsito habitual de pasajeros. La modalidad contrasta con un despliegue discreto y permite identificar con claridad el movimiento de los distintos contingentes por la terminal fueguina.

La continuidad de estas operaciones abre además un cuestionamiento sobre su encuadre legal. El artículo 75 inciso 28 de la Constitución Nacional establece que corresponde al Congreso autorizar el ingreso de tropas extranjeras al territorio argentino y la salida de fuerzas nacionales, procedimiento regulado por la Ley 25.880.

El mecanismo aplicado para estos despliegues evita, de acuerdo con la información reunida, el control parlamentario y el debate correspondiente en las comisiones de Defensa. La discusión no se limita así al paso de militares extranjeros por Ushuaia, sino que alcanza la realización de entrenamientos en territorio fueguino y la permanencia de tecnología estadounidense dentro de una unidad de la Armada Argentina.

El movimiento coincidió además con la visita a Ushuaia del ministro de Defensa, Carlos Presti, el canciller Pablo Quirno y autoridades militares nacionales para recorrer el predio de la Base Naval Integrada, cuya construcción el Gobierno nacional busca reactivar.