El presidente chileno Ricardo Lagos recibió este día el informe "La Memoria Olvidada", un trabajo elaborado por la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas. El documento aborda "La Historia de los Pueblos Indígenas de Chile y su relación con el Estado" y formula "Propuestas y Recomendaciones para un Nuevo Trato entre el Estado, los pueblos indígenas y la sociedad chilena".
La comisión fue creada para asesorar a la Presidencia sobre "la visión de nuestros pueblos indígenas sobre los hechos históricos" y formularle "recomendaciones para una nueva política de Estado".
En el capítulo dedicado a las etnias australes, el informe califica como genocidio la eliminación de los pueblos originarios fueguinos. "Es una gran tragedia. La más grande cometida contra los pueblos indígenas en el territorio chileno. Fue un proceso de exterminación el que allí ocurrió. Se trató de un genocidio", afirma el documento.
Según el informe, en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, "la política de concesiones del Estado, la introducción del ganado lanar en las estepas del Sur del mundo, condujeron a la eliminación física de buena parte de los aónikenk, de la totalidad de los selk'nam y de prácticamente todos los pueblos canoeros, kawésqar y yagán".
El documento advierte que "la historia que aquí se relata debería servir para que 'nunca más' ocurran estas violaciones masivas de los derechos humanos en nuestro territorio".
Entre los testimonios incluidos figura el del selk'nam Olka: "Nuestra vida no era tranquila; continuamente llegaban hasta los bosques noticias espantosas que se referían a las matanzas (…) tribus que antes habitaban a orillas del mar habían huido ante el avance exterminador del asesino y buscaban refugio a la sombra de los robles".
"El invasor no sólo nos sacrificó para usurparnos nuestro suelo, sino que se ensañó con los onas, porque los llamó ladrones de sus haciendas", denunció Olka en su relato.
El testimonio describe la violencia empleada: "Un grito de horror conmovió a la floresta, cuando una jauría de perros colosales hizo irrupción en medio de los montes. Las fieras habían sido especialmente amaestradas para romper tendones y desgarrar entrañas. Centenares de nativos fueron despezados por esa jauría de fieras y los inocentes niños morían junto al regazo de sus madres".
"Las armas de fuego primero y después los perros, se encargaron de sembrar los suelos con pedazos sanguinolentos de piltrafas humanas, que palpitaban sus estertores de agonía baja la carcajada de sus asesinos", concluye el relato citado en el trabajo de Carlos Vega D. y Paola Grendi I. "Vejámenes Inferidos a Indígenas de Tierra del Fuego".





