
La Embajada de China en la Argentina escaló al plano diplomático una polémica originada por un posteo en su cuenta personal de la red social X de un funcionario del gobierno de Javier Milei y le exigió que “cambie de actitud de inmediato”, con una advertencia sobre eventuales “daños a las relaciones y las cooperaciones” de ambos países.
El destinatario del mensaje fue Juan Pablo Carreira, director de Comunicación Digital de la Presidencia y uno de los funcionarios con injerencia en la estrategia online del oficialismo. En redes sociales es conocido desde hace años como “Juan Doe” y usa en X la cuenta @jdoedoe101101. Aunque la representación diplomática evitó nombrarlo y habló de “cierto funcionario argentino”, el contenido del comunicado y el momento en que fue difundido dejaron en claro a quién apuntaba.
Ese dato no es menor dentro de la estructura del Estado. Carreira ocupa un cargo vinculado a la comunicación digital de la administración libertaria, pero no es ministro, no forma parte del gabinete nacional, no integra la Cancillería ni participa en la definición o ejecución de la política exterior argentina.
Además, está al frente de la Oficina de Respuesta Oficial, creada por la gestión de Milei para responder públicamente a informaciones que considera falsas o tergiversadas. Sin embargo, no utilizó ese canal para referirse a China. El mensaje que desató la reacción de Beijing fue publicado desde su cuenta personal de X, espacio en el que suele expresar opiniones políticas.
La diferencia entre una publicación personal y una postura institucional resulta central para medir el alcance del episodio. Ni Javier Milei, ni el canciller Pablo Quirno, ni otra cuenta del Poder Ejecutivo replicaron o impulsaron el posteo. Tampoco lo hicieron la Oficina de Respuesta Oficial ni las cuentas oficiales del Gobierno.
Por ese motivo, el mensaje de Carreira no quedó incorporado como una posición oficial de la Argentina ni fue presentado como parte de una definición de política exterior.
El posteo estuvo vinculado con la catástrofe que desde el 26 de agosto golpea a Nepal y a la zona fronteriza con China.
“Una empresa estatal china estaba construyendo una mega-instalación hidroeléctrica junto a un glaciar en la frontera con Nepal y los típicos fallos de la organización estatal de la actividad industrial llevaron al mayor colapso de una construcción civil que se tenga registro”, escribió Carreira.
Luego añadió: “Toda una porción del glaciar colapsó, se precipitó hacia abajo y se convirtió en un alud de lodo que mató a más de 2.500 nepaleses en segundos. Se suma a los mayores desastres humanitarios que generó la gestión del Partido Comunista de la actividad industrial en la historia, como Chernobyl, el Mar Aral, el Gran Salto Adelante y el Holodomor”.
Carreira cerró su mensaje con una condena política explícita al régimen: “Y esto no es algo de hace 20 años, esto ocurrió esta misma semana. El comunismo mata. El Partido Comunista vestido de ‘empresario’ mata”.
La publicación se produjo mientras Nepal seguía atravesando una emergencia de gran escala. Los equipos de rescate continuaban la búsqueda de desaparecidos y la recuperación de cuerpos entre barro, rocas, hielo y restos de construcciones. A eso se sumó la destrucción de rutas y puentes, que mantenía aisladas algunas zonas afectadas por la riada.
Los balances difundidos este martes hablaban de más de 1.000 muertos y miles de desaparecidos, mientras que más de 11.000 personas habían sido rescatadas en medio de operativos todavía abiertos en áreas de difícil acceso.
Uno de los focos más delicados estaba en las instalaciones hidroeléctricas alcanzadas por el desastre. Centenares de trabajadores seguían aislados o desaparecidos y los rescatistas intentaban llegar a túneles cubiertos por grandes volúmenes de barro y sedimentos. Una evaluación preliminar estimó que la catástrofe desplazó 2,2 millones de toneladas de escombros, rocas y sedimentos.
En ese contexto intervino de manera oficial la Embajada de la República Popular China en Buenos Aires.

A diferencia del mensaje de Carreira, que fue publicado en una cuenta personal, la respuesta china se difundió por los canales institucionales de la sede diplomática, bajo el título “Declaración de Portavoz de la Embajada China en Argentina”.
En ese texto, la representación afirmó: “Recientemente, un desprendimiento repentino de glaciar en la zona fronteriza de Nepal provocó graves deslizamientos de tierra, lo que causó importantes pérdidas humanas y materiales tanto en Nepal como en China. Mientras ambos países llevan a cabo operaciones de rescate y asistencia de emergencia y la comunidad internacional se apresura a tender su mano, cierto funcionario argentino, movido por prejuicios ideológicos sesgados, difunde maliciosamente rumores para difamar al Partido Comunista de China y manchar la imagen internacional de China”.
La embajada no mencionó a Carreira por su nombre. De todos modos, el destinatario resultó inequívoco porque el comunicado apareció después de su publicación y contestó de manera puntual sus críticas al Partido Comunista Chino (PCCh).
Más adelante, la sede diplomática sostuvo: “La parte china se opone firmemente a ello y no lo acepta en absoluto”, antes de exponer la explicación que Beijing atribuye a las causas de la tragedia.
El tramo de mayor voltaje político apareció al final del comunicado. Allí, la representación china dejó de referirse solamente a lo ocurrido en Nepal y conectó las expresiones de Carreira con la relación entre Beijing y Buenos Aires.
“Exhortamos al funcionario en cuestión a que cambie de actitud de inmediato, ponga fin a las especulaciones malintencionadas carentes de fundamento y deje de politizar o instrumentalizar las catástrofes naturales, con vistas a evitar daños a las relaciones y las cooperaciones sino-argentinas”, afirmó la Embajada.
La formulación elevó la tensión del episodio. La sede diplomática no se limitó a rechazar las afirmaciones del funcionario argentino ni a ofrecer una versión distinta sobre la tragedia. También le reclamó que modificara su conducta y vinculó sus opiniones personales con posibles daños en la relación entre ambos países.
No se trató, además, de un hecho aislado. En los últimos meses, la representación de China intervino en distintas discusiones de la vida pública argentina mediante comunicados, cuestionamientos públicos y gestiones ante instituciones cuando consideró afectados los intereses de Beijing o del Partido Comunista Chino.
Uno de los antecedentes más cercanos ocurrió pocos días antes, cuando la Embajada realizó gestiones para frenar una actividad sobre totalitarismos, democracia y derechos humanos prevista en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los expositores iba a participar el activista uigur Dolkun Isa, crítico del régimen chino.
La actividad debía hacerse el 24 de agosto, pero, tras las objeciones de la representación diplomática ante autoridades argentinas, dejó de realizarse en la Legislatura porteña y fue trasladada al Club Alemán de Buenos Aires. El episodio abrió cuestionamientos por la intervención de una delegación extranjera sobre una actividad organizada en una institución legislativa local.
En abril se había registrado una situación similar. En esa oportunidad, la Embajada china intervino ante una universidad de Buenos Aires por una actividad académica titulada “China: la seducción comunicacional para normalizar a un régimen”, que incluía la presentación de un libro y paneles con especialistas en política internacional.representantes de la Embajada se comunicaron con autoridades académicas y tres diplomáticos se presentaron personalmente en la institución. La advertencia fue que la realización del encuentro podía afectar tanto los vínculos de la universidad con China como las relaciones diplomáticas entre los dos países. Finalmente, la actividad fue cancelada.
La participación de la representación china en la discusión pública también quedó reflejada en sus propios canales de comunicación. En julio, la Embajada difundió una declaración sobre denuncias de presunta interferencia china en procesos electorales de otros países.
Allí habló de una “campaña de desinformación”, de “mentiras y falacias”, defendió de manera explícita al Partido Comunista Chino y definió a Taiwán como “una provincia de la nación china”. El texto cerró con una recomendación a quienes impulsaban esas denuncias para que abandonaran lo que describió como “este juego aburrido de inventar denuncias de la nada”.
El 14 de agosto, además, la Embajada volvió a intervenir por declaraciones realizadas en territorio argentino. Esta vez lo hizo contra el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Peter Lamelas, luego de que cuestionara a una compañía china durante un encuentro empresarial.
La seguidilla de episodios expone a una Embajada que no limita su actividad a la relación formal entre gobiernos, sino que también participa de controversias políticas, académicas y públicas dentro de la Argentina cuando están en juego China, el Partido Comunista Chino, Taiwán o denuncias por derechos humanos.
Ese comportamiento adquiere relevancia por el régimen que representa. China está gobernada por el Partido Comunista Chino, que concentra el poder político bajo el liderazgo de Xi Jinping. En el país no existe competencia electoral nacional para disputar el gobierno y persisten fuertes restricciones sobre la libertad de expresión, la actividad política, los medios de comunicación e internet.
A eso se agregan varios focos de tensión internacional. El principal es Taiwán, una democracia que Beijing considera parte de su territorio y sobre la que no descartó el uso de la fuerza. También persisten cuestionamientos internacionales por la situación de la población uigur en Xinjiang, las restricciones en Hong Kong y las disputas territoriales en el Mar de China Meridional.
Al mismo tiempo, el vínculo con la Argentina tiene una dimensión económica de peso. China es uno de los principales socios comerciales del país, representa un destino relevante para las exportaciones argentinas y sostiene un lazo financiero estratégico mediante el swap de monedas entre los bancos centrales.
Milei mantiene desde antes de asumir una postura ideológicamente crítica del comunismo y un alineamiento estratégico con Estados Unidos. Aun así, ya en el poder, preservó un vínculo pragmático con Beijing y mantuvo abiertos los principales canales comerciales y financieros.
Por eso cobró especial importancia la dimensión que la propia Embajada de China en la Argentina resolvió darle al posteo de Carreira. No hubo una declaración oficial del Estado argentino contra China por la tragedia en Nepal ni una posición de Milei o de Quirno que responsabilizara a Beijing.
Hasta el momento, el Gobierno argentino tampoco respondió institucionalmente al comunicado ni transformó el episodio en una disputa formal entre Estados.
La diferencia de origen entre ambos mensajes sigue siendo el dato central: Carreira criticó al Partido Comunista Chino desde una cuenta personal y ninguna instancia oficial argentina hizo suyo ese pronunciamiento; la Embajada china, en cambio, contestó desde canales institucionales, le exigió que “cambie de actitud de inmediato” y advirtió sobre posibles “daños” en la relación bilateral.





