Un informe del Instituto Argentina Grande elaborado a partir de información del Banco Central de la República Argentina identificó 3,6 millones de personas con al menos una línea de crédito en situación irrecuperable. Se trata de obligaciones que acumulan un año o más de atraso y que representan el 17% del total de deudores.
Según el relevamiento, la mitad de las líneas de crédito con atrasos de un año o más registra deudas de 309.000 pesos o menos. Una parte sustancial del universo de morosos más comprometidos no está compuesto necesariamente por grandes deudas, sino por obligaciones relativamente pequeñas que los hogares tampoco consiguen afrontar.
Una deuda que acumula largos períodos de incumplimiento puede terminar siendo considerada de muy difícil recuperación por la entidad que otorgó originalmente el crédito. En ese escenario aparece el mercado de las carteras morosas, donde bancos, financieras y otras compañías pueden desprenderse de créditos cuyo recupero resulta incierto.
Las casas o agencias de cobranza y estudios especializados pueden intervenir en esa etapa. El negocio consiste en adquirir o gestionar carteras de créditos morosos y tratar de recuperar una parte del dinero adeudado mediante negociaciones, acuerdos de pago o acciones judiciales, según cada caso.
Seis de cada diez personas no llegan al día 20 del mes
Un relevamiento de la consultora Zentrix dio cuenta de que 6 de cada 10 personas no cuentan con más disponibilidad de ingresos tan temprano como el día 20 del mes. El informe revela que el 76% de la gente recurrió a la toma de un crédito solamente para cubrir necesidades básicas y elementales, como comida, salud y pago de servicios.
Según el estudio, el 24% de los deudores de entre 15 y 29 años tiene al menos una línea de crédito con un atraso de un año o más, mientras que el número de jóvenes en situación considerada irrecuperable aumentó 85% en un año.
Quienes deben menos son quienes presentan mayores niveles de morosidad. Muchas de esas obligaciones están vinculadas al consumo cotidiano. Cuando el atraso se prolonga durante un año o más, el sistema financiero clasifica al deudor en la situación más grave. A partir de allí, la deuda puede permanecer en manos del acreedor original o ingresar en procesos de cesión, administración o recuperación de cartera.




