Dieciocho años. Una infancia completa, una adolescencia y el comienzo de una vida adulta transcurrieron desde aquel domingo que cambió para siempre a una familia y quedó grabado en la memoria de Tierra del Fuego.
El 28 de septiembre de 2008, Sofía Yasmín Herrera desapareció mientras se encontraba junto a sus padres y amigos en el camping John Goodall, sobre la Ruta Nacional 3, a unos 60 kilómetros de Río Grande. Tenía 3 años y 8 meses.
Desde entonces, ninguna investigación, ningún rastrillaje, ningún testimonio y ninguna de las innumerables pistas recibidas permitió responder la pregunta que atraviesa el caso desde aquel día: qué pasó con Sofía y dónde está.
El expediente atravesó distintas etapas, jueces, fiscales, sospechosos, identikits, búsquedas dentro y fuera del país, intervenciones de organismos nacionales e internacionales y decenas de pistas que terminaron descartadas. La desaparición alcanzó repercusión nacional y también en Chile, mientras su rostro se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la búsqueda de niños desaparecidos en la Argentina.
Aquel domingo de 2008
La familia había salido de Río Grande para compartir un día de campo. María Elena Delgado, Fabián Herrera y Sofía viajaban junto a un matrimonio amigo y sus hijos.
Habían pasado por un supermercado y luego por una estación de servicio antes de dirigirse al camping John Goodall, ubicado sobre la Ruta 3. Poco después de llegar y mientras los adultos comenzaban a acomodarse, Sofía dejó de estar a la vista.
La primera publicación de ((La 97)) Radio Fueguina sobre el caso apareció durante la misma noche de la desaparición. Ya entonces más de 200 integrantes de distintas fuerzas y organismos participaban del operativo, con iluminación artificial para continuar los rastrillajes durante la madrugada.
Desde esas primeras horas comenzó a considerarse también la posibilidad de que alguien hubiera sacado a la niña del lugar.
Al día siguiente, el entonces juez de Instrucción Eduardo López recorrió el camping junto a familiares e investigadores intentando reconstruir los últimos movimientos de Sofía. Aviones del Aeroclub, aeronaves de la Armada, helicópteros y fuerzas de seguridad participaron de una búsqueda que rápidamente adquirió dimensiones inéditas para Tierra del Fuego. Pero no apareció ningún rastro concluyente.
Una investigación de dimensiones extraordinarias
Con el paso de los días, la búsqueda se extendió a toda la provincia. Hubo allanamientos, vuelos de reconocimiento, rastrillajes a lo largo de la Ruta Nacional 3, perros especializados y controles en distintos puntos de Tierra del Fuego. A pocas semanas de la desaparición se habían realizado más de 30 allanamientos, todos sin resultados positivos.
La SIDE —por entonces organismo de inteligencia del Estado— e Interpol ofrecieron colaboración, mientras que la Justicia llegó a solicitar imágenes satelitales del camping. En noviembre de 2008, miles de fojas del expediente fueron enviadas incluso al FBI para su análisis.
También comenzaron a llegar llamados, mensajes y testimonios desde distintos lugares de la Argentina y del exterior.
Hubo supuestos avistamientos, pedidos de rescate, cartas anónimas, personas que aseguraban saber dónde estaba Sofía y numerosas denuncias que obligaron a movilizar recursos judiciales.
Una tras otra, las pistas fueron cayendo.
Sospechas que tampoco dieron respuestas
La causa tuvo distintos momentos en los que pareció aproximarse a una explicación.
En 2009 fue investigado Alberto Urrutia, entonces cuidador del camping John Goodall. Llegó a estar detenido y procesado por la Justicia, pero finalmente fue sobreseído en abril de 2010.
También el propio padre de Sofía, Fabián Herrera, fue detenido durante algunas horas en agosto de 2009 en el marco de una reconstrucción judicial, acusado entonces de entorpecer la investigación. Esa línea tampoco condujo a ningún elemento que lo vinculara con la desaparición.
A lo largo de los años aparecieron niñas parecidas a Sofía en distintas provincias, se realizaron allanamientos y se investigaron numerosos testimonios.
Ninguno permitió encontrarla.
“Espanta la Virgen”, una de las líneas que permaneció abierta
Muchos años después cobró relevancia una persona conocida por el apodo de “Espanta la Virgen”, posteriormente identificada como José Dagoberto Díaz Águila, de nacionalidad chilena.
En 2019, la Justicia solicitó formalmente colaboración a Interpol para localizarlo y, en septiembre de 2020, el juez Daniel Cesari Hernández ordenó su captura nacional e internacional.
En 2024, desde la Fiscalía se señalaba que la localización de Díaz Águila continuaba siendo uno de los objetivos de la investigación junto con la elaboración de una nueva imagen actualizada de Sofía.
Sin embargo, un nuevo error judicial provocó la caída de la alerta roja emitida por Interpol, lo que redujo aún más las posibilidades de localizarlo en Chile, país donde se presumía que podría residir en caso de continuar con vida.
Una pista tras otra
El caso volvió a cobrar fuerte repercusión durante 2024 y 2025, a partir de la desaparición de Loan Peña en Corrientes.
Una de las líneas investigadas derivó en la realización de un estudio genético a una joven residente en Chaco, hija de uno de los involucrados en aquel expediente, debido a ciertas coincidencias planteadas durante la investigación.
La prueba fue ordenada por la Justicia fueguina y generó nuevamente expectativa.
El resultado conocido en marzo de 2025 fue negativo: el análisis descartó cualquier relación genética con Sofía Herrera.
Era una nueva puerta que se cerraba.
El caso que dio nombre a una alerta nacional
La dimensión alcanzada por la desaparición de Sofía trascendió su propio expediente.
En marzo de 2019 comenzó a funcionar en la Argentina el Sistema Alerta Sofía, inspirado en mecanismos internacionales de búsqueda urgente de menores. Su nombre constituye un reconocimiento directo al caso de la niña fueguina.
El mecanismo busca coordinar rápidamente a organismos estatales, fuerzas de seguridad y medios de comunicación durante las primeras horas posteriores a la desaparición de un niño o adolescente.
Así, el nombre de Sofía terminó asociado a un sistema destinado precisamente a evitar que otros casos atraviesen las mismas dificultades y demoras que marcaron su búsqueda.
Cómo sería Sofía hoy
Sofía nació el 30 de diciembre de 2004. Hoy tiene 21 años y a fines de 2026 cumplirá 22.
El paso del tiempo planteó además otro problema: la niña que aparece en las fotografías de 2008 ya sería una mujer joven.
Por eso, durante estos años se realizaron distintas reconstrucciones de su rostro. En mayo de 2026, María Elena Delgado difundió una nueva actualización confeccionada con herramientas de inteligencia artificial por una organización de Estados Unidos.
La expectativa es que esa imagen pueda servir para que alguien reconozca a Sofía o, incluso, para que ella misma pueda reconocerse en las imágenes de la niña desaparecida hace 18 años.
Una línea que volvió a funcionar
También durante 2026 se produjo una situación que generó preocupación en la familia.
El número gratuito 0800-222-7634, creado para recibir información sobre Sofía, permaneció alrededor de siete meses fuera de servicio.
María Elena Delgado denunció públicamente la situación en ((La 97)) Radio Fueguina y, pocos días después, la línea fue nuevamente habilitada.
El teléfono continúa siendo una vía gratuita y anónima para que cualquier persona pueda aportar información.
Dieciocho años
Desde septiembre de 2008, ((La 97)) Radio Fueguina siguió prácticamente cada instancia de la búsqueda.
Las primeras horas en el camping, los operativos, las marchas, los allanamientos, las pistas que despertaron esperanza y aquellas que terminaron descartadas forman parte de un archivo periodístico que también permite dimensionar el paso del tiempo.
En 2008 se buscaba a una niña de tres años. En 2026 se intenta imaginar el rostro de una joven de 21. Entre ambas imágenes transcurrieron 18 años sin una respuesta.
María Elena Delgado y Fabián Herrera continuaron durante todo ese tiempo haciendo lo mismo que comenzaron a hacer aquel domingo en el John Goodall: buscar a su hija.
Y mientras no aparezca una certeza sobre lo ocurrido, el caso Sofía Herrera seguirá abierto en su dimensión judicial, pero también en la memoria colectiva de Río Grande.
Porque después de dieciocho años, la pregunta continúa siendo exactamente la misma: ¿Dónde está Sofía?




