La siempre ansiosa campaña pre electoral que, en la mayoría de las ocasiones, termina en la nada misma, comenzó a mover las bases legislativas en las que podía apoyarse, con cierta suavidad, el oficialismo libertario. Esto se percibe con claridad en el Senado, donde la Unión Cívica Radical (UCR), hoy trascendental para que salgan las leyes, pondrá en juego ocho de sus 10 bancas en 2027 y genera una tensión extra en la Cámara alta, con proyectos que impactan de forma diversa según la provincia, con sus respectivas consecuencias en el recinto.
El escenario se repite en otros bloques más pequeños -el PRO, con tres integrantes- y en los pícaros silvestres provinciales, que se pegotean o se resbalan enjabonados según la iniciativa que aterrice y las necesidades del momento de los mandatarios locales. Al final del camino, los articulados muy pocas veces importan de verdad, más que para hacer política. De allí el desprecio de la Casa Rosada hacia un sistema al que, después, le toca timbre y le lleva rosas.
Quien tiene que ocuparse de cargar toda esta bola de nieve es la jefa de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich (Capital Federal). Los obligados malabares de la porteña se precipitan por una cuestión simple: la inevitable apertura del oficialismo a dialoguistas para sumar discusiones a la grilla parlamentaria no sólo gatillará el enojo de Balcarce 50, sino que ya empuja disputas entre espacios aliados necesarios a la hora de sesionar. Una encerrona de difícil resolución.
Al margen de que quienes suelen jugarle bien al oficialismo pidieron al Ejecutivo que lo más pesado ocurriera durante el primer semestre del año -perdido por la defensa del ex jefe de Gabinete Manuel Adorni-, un indicio sólido germinó con la votación de la ley de propiedad privada y los capítulos que dejaron una norma más que fileteada y en cómoda siesta en Diputados.
En aquella jornada fue muy penoso corroborar cómo legisladores a los que se les acaba el mandato en 2027 cambiaban de opinión -antes que se quitara el capítulo sobre manejo del fuego, a minutos de la votación en general del texto- si sospechaban que su comprovinciano rechazaría dicho articulado. Un caso entre un radical y una persona del macrismo fue el más delirante. Como no se consumó, pueden negarlo con total impunidad.
Durante la semana que termina, en la Cámara alta pasó de amarillo a naranja la trifulca entre azucareros y el complejo maíz/soja por un potencial corte en biocombustibles que favorecería más a los primeros, con guiño libertario. Esto implicaría un sablazo en las bancadas de la UCR y también del kirchnerismo, con legisladores que defenderán esos intereses sin importar la cohesión interna. Se había prometido una convocatoria de comisiones para los próximos días, con el objetivo de dictaminar, pero aún no fue oficializada.
Por ahora mantiene un olvido sobre la ley de zonas frías -y la promesa de cálidas- que salió de Diputados. Esto también dispara rispideces dentro de algunos partidos que prefieren esperar y sumar otra compulsa interna. “Si exponemos a tres o cuatro que siempre nos ayudaron, con los meses que vienen por delante y la campaña por un cargo en sus distritos o para renovar banca, corremos el riesgo de perderlos para siempre”, deslizaron a Infobae desde un despacho oficialista de peso.
Esto también es percibido por otras oficinas de poder en la Cámara alta, que ratifican sin dudar que varios de los inconvenientes en cuanto al tratamiento de leyes se debió por una “falta total de política” de parte de la Casa Rosada, que incluso vuelve a repetir errores del pasado. Por caso, en una reciente compulsa relacionada con un puñado de pliegos judiciales que pisaba el Ejecutivo, aliados y ciertos libertarios precipitaron la presentación de los respectivos despachos de mayoría. A las pocas horas, el Gobierno operó una insólita victoria que dejó, aún más a la vista, la falta de tacto y movimientos burdos a la hora de amasar la realidad parlamentaria.





