Paula Gigliotti, directora de prevención y promoción de la salud mental del municipio de Río Grande, advirtió que el suicidio es actualmente la causa principal de muerte entre menores de 14 a 35 años. Esta estadística, que viene en aumento a nivel mundial, refleja una problemática compleja que requiere múltiples esfuerzos desde diferentes espacios.

"Es un dato preocupante. Tiene que ver también con el acceso económico, el acceso al trabajo, el acceso a la salud, a la educación", explicó Gigliotto. En ese sentido, destacó la importancia de que la mayor cantidad de personas de la comunidad se involucren como actores necesarios para trabajar esta temática, algo que el municipio viene comunicando desde hace años.

La funcionaria subrayó que las condiciones macro hacen a la salud mental. "Situaciones críticas a nivel económico como las actuales, en donde es difícil acceder a un trabajo, en donde hay mucho malestar en las familias, acrecienta todos los problemas que tienen que ver con salud mental", señaló. Por eso, remarcó la necesidad de fortalecerse como comunidad para poder acompañar estas situaciones críticas.

Respecto a los factores que agravaron la situación, Gigliotti mencionó la pandemia como un hito a nivel salud mental. "Más allá que tenía que ver con pautas de cuidado, modificó en gran medida las condiciones de vida de las personas", indicó. Desde el equipo de salud mental del municipio observaron muchas dificultades en jóvenes y adolescentes para el regreso a la escuela y a los espacios de participación.

Los cambios vertiginosos que atraviesa la sociedad también impactan en la salud mental. El uso de las pantallas, las redes, la sobreinformación y la sobreestimulación permanente afectan otros hábitos básicos como el descanso y la alimentación, generando una retroalimentación que complejiza las condiciones de vida.

"En las adolescencias y las juventudes que están en gran medida afectadas por las altas tasas de suicidio, los hábitos de alimentación, de descanso, de participación son fundamentales para el desarrollo", explicó Gigliotti. Cuando estos hábitos se ven modificados o afectados, impactan directamente en el desarrollo de las personas.

La directora enfatizó que los adultos deben estar atentos a pequeñas modificaciones que observen en los adolescentes. La falta de comunicación y el aislamiento son factores de riesgo a los que hay que prestar atención. La escuela y la familia son quienes tienen el conocimiento cotidiano para percibir estos cambios alarmantes.

"La comunicación es la herramienta más importante que tenemos", afirmó. Recomendó preguntar, conocer qué están haciendo los adolescentes, qué hacen cuando están en las redes, qué hicieron en el colegio. Si algo genera alarma, sugirió consultar a profesionales, aunque no sea necesariamente para sacar un turno, sino para acercarse a un espacio y pedir orientación.

Sobre cómo diferenciar una crisis esporádica de una situación que requiere atención urgente, Gigliotti explicó que lo temporal marca la diferencia. "El aislamiento de un día por ahí no nos tiene que preocupar, pero si empiezan a abandonar sus actividades, que dejan de hablar con sus amigos, que dejan de hablar con su escuela, su familia, eso sí nos tiene que alarmar", concluyó. El malestar sostenido es lo que debe llamar la atención.