Por segundo año consecutivo, la pérdida de ozono sobre la Antártida fue considerablemente menor que el promedio histórico. La Organización Meteorológica Mundial ubicó el episodio de 2025 entre los menos severos de las últimas dos décadas y confirmó que la tendencia general continúa siendo de recuperación.

El déficit máximo de ozono alcanzó 36,7 millones de toneladas, más de un 25% por debajo del promedio de 50,1 millones registrado entre 1990 y 2010. La temporada 2025 dejó así una señal alentadora sobre el continente blanco.

La capa de ozono funciona como un escudo natural frente a buena parte de la radiación ultravioleta del Sol. Cada primavera austral se forma sobre la Antártida una zona donde su concentración disminuye fuertemente. Ese fenómeno es lo que se conoce como 'agujero de ozono', que no significa que la capa desaparezca completamente sino que se vuelve mucho más delgada.

Una parte importante de la explicación estuvo en el comportamiento de la atmósfera antártica. Durante septiembre, grandes ondas atmosféricas provocaron un aumento de la temperatura en la estratosfera. Eso redujo las condiciones que favorecen las reacciones químicas responsables de destruir el ozono.

También cambió antes de lo habitual el llamado vórtice polar, una enorme circulación de aire frío que durante el invierno mantiene aislada la atmósfera sobre la Antártida. Hacia fines de octubre comenzó a debilitarse con mayor rapidez y permitió el ingreso de aire con concentraciones más altas de ozono. El resultado fue un agujero menos profundo y extenso.

Los científicos advierten, sin embargo, que un año favorable no significa que el problema esté resuelto. El tamaño puede variar considerablemente de una temporada a otra según las temperaturas y los vientos que se registren sobre el continente.

La diferencia con lo ocurrido entre 2020 y 2023 fue marcada. Durante esos años se observaron episodios especialmente profundos y persistentes. En cambio, 2024 y 2025 mostraron una reducción importante de la pérdida de ozono.

Detrás de esa mejora existe además una tendencia de más largo plazo. Desde comienzos de este siglo, la capa comenzó a recuperarse lentamente por la reducción de sustancias como los clorofluorocarbonos, utilizados durante décadas en aerosoles, heladeras y sistemas de refrigeración.

Su eliminación progresiva fue impulsada por el Protocolo de Montreal, acordado internacionalmente en 1987. La OMM considera que esa política ambiental está funcionando, aunque la recuperación completa todavía demandará varias décadas.

Por eso, el menor agujero observado sobre la Antártida no representa el final del problema, pero sí una nueva evidencia de que la capa protectora puede recuperarse cuando disminuyen las sustancias que provocan su deterioro.